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Un chalé que acaricia el cielo

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Chalé tocando el cielo

Un chalé que acaricia el cielo

Vivir tocando el cielo de Madrid puede ser el deseo más preciado de los urbanitas o la experiencia más agónica para aquellos que aman la naturaleza, pero si trasladamos el típico chalé de dos plantas, con jardín y piscina, a una azotea de un edificio de 12 alturas, de los años 70, ubicado en el barrio de Chamberí, con impresionantes vistas a la sierra madrileña, la cosa cambia. Y para bien.

Lo mejor del campo en lo mejor de la ciudad, dice Idoia Otegui, arquitecta encargada de rehabilitar esta vivienda de 80 metros cuadros más 120 de terraza, ubicada en la azotea de un castizo edificio de 1966. “Al principio formaba parte del piso inmediatamente inferior con el que estaba comunicado mediante una escalera. Posteriormente fueron segregados, convirtiéndose en una vivienda independiente, ya sin escalera”, comenta.

 

Chalé tocando el cielo

Vivienda abierta a la capital desde las alturas. MIGUEL DE GUZMÁN / ImagenSubliminal.com

Pasados unos años, este ático, que ya se encontraba en unas condiciones muy deterioradas, con materiales e instalaciones antiguos, pero con una estructura y algunos elementos con grandes posibilidades como la boiserie de madera, la chimenea de mármol y el mirador, se sometió a una rehabilitación total tanto de la parte edificada como de la terraza y la piscina.

El resultado no ha podido ser mejor: si antes de su remodelación el acceso a esta vivienda se realizaba por la escalera principal del edificio, ahora se comunica directamente a la terraza, “lo que favorece la sensación de estar accediendo a un chalé por el jardín, pero con la peculiaridad de estar en una planta 12 del centro de Madrid”, destaca Otegui.

¿Cómo se distribuye la vivienda? La terraza tiene dos niveles; el más alto donde se sitúa la piscina con forma de riñón, tal cual fue diseñada hace 50 años, y el inferior con una escalera-banco que sirve de zona de estar del comedor exterior. Desde esta zona puede accederse al interior de la vivienda, aunque es accesible también en todas las orientaciones de la misma. Así, la cocina-comedor de orientación este se comunica sin puerta al salón con chimenea orientado al sur y desde el salón al baño y dormitorio con orientación oeste.

“Todas las estancias tienen acceso a la terraza mediante amplios ventanales que se apilan para dejar grandes huecos en verano, de manera que el espacio interior se amplía al exterior sin transición”, describe la arquitecta. Ya desde el salón se sube mediante una escalera de caracol al mirador superior que es la zona favorita de Otegui, un espacio sin uso determinado.

Construido y diseñado por el arquitecto Luciano Díez-Canedo, este edificio es, según Otegui, uno de los trabajos en los que se descubre el amor del autor por su labor, el cuidado en los detalles y una serie de interesantes diseños que merece la pena conservar. “Así que en este caso mi influencia fue el mismo arquitecto, por lo que decidí conservar la esencia de su diseño, restaurar partes enteras como el mirador, la escalera de caracol y la piscina fueron diseñadas y emplear los mismos revestimientos antiguos pero actualizados, como el suelo de gresite pentagonal negro del baño y peto de terraza o las maderas en suelos y paredes, así como conservar parte de la fachada de ladrillo para diferenciar claramente lo nuevo de lo antiguo”, precisa la autora de esta singular rehabilitación.

La influencia se plasma enseguida en el mirador, que vigila a Madrid en 360º.No en vano, Díez-Canero, cuenta la arquitecta, era marinero. Se trata de un espacio “redondo” en todos los sentidos, que parece un faro o el puente de mando de un barco, donde poder divisar el mar (Madrid) en todas las direcciones. Otegui reconoce que en este caso ha decidido tocar lo menos posible este espacio, manteniendo intacto el espíritu con el que fue diseñado, únicamente mejorándolo en el tapizado del asiento circular y en los aislamientos.

Al estar situado este chalé en una zona tan expuesta, se ve sometido a situaciones climáticas muy adversas de calor, frío, viento y lluvia, por lo que su autora ha utilizado materiales con grandes prestaciones aislantes, con fachadas ventiladas de paneles sándwich con acabado exterior en madera e interior de pladur, carpinterías con rotura de puente térmico y vidrios bajo emisivos, aislamientos en cubiertas también de panel sándwich y ultrafinos multicapas en aquellas zonas con muy poco espacio y en las que no se quería perder altura.

Tampoco ha faltado el toque personal de Otegui, principalmente en el mobiliario y decoración, combinando piezas antiguas del propietario con elementos “modernos” de los años 50 y hasta objetos encontrados en los contenedores. ¿Quién dijo que de Madrid al cielo?

Fuente: elmundo.es

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